Qué queda del lago

POR CDMX ISOMÉTRICO · PUBLICADO EL 13 DE SEPTIEMBRE DE 2026 · ACTUALIZADO EL 22 DE SEPTIEMBRE DE 2026

La Ciudad de México se fundó sobre agua y hoy sufre de sed. De aquel sistema de lagos que ocupaba el fondo del valle queda muy poco, pero ese poco sigue vivo, se puede recorrer en canoa y aparece dibujado en el mapa: los canales de Xochimilco.

Xochimilco en el mapa: las parcelas alargadas son chinampas, separadas por canales.
Xochimilco en el mapa: las parcelas alargadas son chinampas, separadas por canales.

Cinco lagos, no uno

Se habla del "lago de Texcoco" como si hubiera sido uno solo, y en realidad eran cinco cuerpos de agua conectados que se comportaban distinto. Al norte, Zumpango y Xaltocan. En el centro, Texcoco, el más grande y el más salado, porque a él iban a dar las sales de toda la cuenca. Al sur, Xochimilco y Chalco, alimentados por manantiales de agua dulce.

Esa diferencia entre el agua salobre del norte y la dulce del sur explica casi todo lo que vino después. Los mexicas construyeron el albarradón de Nezahualcóyotl precisamente para separarlas: una barrera que protegía la zona dulce de la salada y, de paso, a la ciudad de las inundaciones.

Las chinampas: agricultura sobre el agua

En la zona dulce del sur se desarrolló uno de los sistemas agrícolas más productivos que se hayan inventado. Una chinampa no es una isla flotante, aunque así se les llame: es una parcela construida a propósito, apilando lodo del fondo del lago sobre un armazón de estacas y ramas hasta que sobresale del agua, y fijada con ahuejotes —esos sauces delgados— cuyas raíces amarran el suelo.

El resultado es una parcela rodeada de agua por los cuatro lados. Nunca le falta riego, el lodo del fondo la fertiliza y se puede cosechar varias veces al año. Con ese sistema, la zona sur alimentaba a la ciudad.

Acércate en el mapa a Xochimilco y vas a ver el patrón: parcelas alargadas y estrechas, todas orientadas igual, separadas por líneas de agua. Esa cuadrícula rara no se parece a nada más en la ciudad porque no es urbana. Es un campo de cultivo prehispánico que sigue funcionando.

Por qué se secó todo

La cuenca de México es endorreica: no tiene salida natural al mar. El agua que entra se queda hasta evaporarse. Para una ciudad construida en su punto más bajo, eso significaba inundarse cada tantos años.

La solución fue abrirle a la cuenca una salida artificial, y eso tomó más de tres siglos. Empezó en 1607 con el tajo de Nochistongo, dirigido por Enrico Martínez, y siguió en el siglo XIX con el Gran Canal del Desagüe y el túnel de Tequisquiac. Cada obra bajó el nivel de los lagos y ganó terreno seco.

El resultado es la paradoja que define a esta ciudad: la ciudad más grande del país resolvió su problema de exceso de agua tan bien que acabó con un problema de escasez, y de paso se quedó sin el suelo firme que el agua le sostenía.

1607 inicio del tajo de Nochistongo, la primera gran obra de desagüe

Lo que sobrevivió

De aquel sistema quedan los canales de Xochimilco y Tláhuac, unos kilómetros de agua entre chinampas todavía cultivadas. En 1987 la UNESCO los inscribió como Patrimonio Mundial junto con el Centro Histórico, reconociéndolos como lo que son: el último pedazo vivo de la ciudad lacustre.

Ahí vive también el ajolote, un anfibio que no existe en ningún otro lugar del mundo y que llegó a estar entre los animales más comunes del valle. Hoy está en peligro crítico. Su hábitat entero cabe en unos cuantos canales.

Las trajineras

Las embarcaciones de colores que recorren los canales son el uso moderno de una vía de transporte antiquísima. Antes de las calzadas y mucho antes de las calles, la forma de moverse por esta ciudad era en canoa: por eso Tenochtitlan tenía canales además de calles, y por eso el mercado de Tlatelolco se abastecía por agua.

En el mapa las vas a encontrar navegando los canales, con su casco pintado y su toldo de bóveda. No están puestas al azar: siguen el trazo real de los canales que vienen de OpenStreetMap.

El ajolote y los refugios en las chinampas

El ajolote es un anfibio raro incluso entre los anfibios: pasa toda su vida con forma de larva, con branquias en forma de plumas a los lados de la cabeza, y se reproduce sin llegar nunca a la forma adulta que tienen sus parientes. Puede regenerar extremidades y partes de órganos, y por eso es uno de los animales más estudiados en laboratorios de todo el mundo. En su hábitat natural, sin embargo, casi ha desaparecido.

Sus amenazas son las mismas que las del lago: agua contaminada, canales que se secan, peces introducidos como la carpa y la tilapia que se comen sus huevos. Una de las respuestas más interesantes viene de los propios chinamperos. En varios canales se han instalado refugios: tramos de agua filtrada por barreras de vegetación y separados de los peces invasores, en chinampas que se cultivan sin agroquímicos. Es una idea circular: la agricultura tradicional protege al animal, y el animal le da valor a la agricultura tradicional.

Y Texcoco, ¿qué quedó?

El gran lago del centro, el salado, prácticamente desapareció. Lo que queda de él está fuera de los límites de la Ciudad de México, en el Estado de México: una planicie salitrosa, cuerpos de agua artificiales construidos en el siglo XX para regular inundaciones, como el lago Nabor Carrillo, y humedales donde todavía llegan aves migratorias cada invierno.

Ese terreno estuvo destinado durante unos años a un aeropuerto nuevo, cuya construcción se canceló en 2018. Después se decidió convertir una parte en un gran parque ecológico. Es una vuelta curiosa: el mismo suelo que la ciudad pasó cuatro siglos intentando secar se está recuperando ahora como zona de agua.

Desde el mapa no se alcanza a ver Texcoco, porque queda al oriente de la zona dibujada. Pero sí se nota su huella: el aeropuerto actual y las colonias que lo rodean están sobre el antiguo fondo del lago, y por eso son de las zonas más planas y de retícula más regular de toda la ciudad.

De cerca, los canales de Xochimilco con sus trajineras.
De cerca, los canales de Xochimilco con sus trajineras.

Cómo verlo

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