Santa Fe

POR CDMX ISOMÉTRICO · PUBLICADO EL 22 DE SEPTIEMBRE DE 2026

En el poniente de la ciudad hay un distrito que, desde arriba, no parece la Ciudad de México. Torres de vidrio, avenidas curvas, centros comerciales y barrancas profundas entre ellos. Es Santa Fe, y su historia es de las más extrañas de la capital: fue pueblo utópico, mina, basurero y finalmente el distrito de negocios más nuevo de la ciudad.

Santa Fe: torres dispersas sobre las lomas, separadas por barrancas.
Santa Fe: torres dispersas sobre las lomas, separadas por barrancas.

El pueblo-hospital de Vasco de Quiroga

En 1532, Vasco de Quiroga, un oidor de la Audiencia que después sería obispo de Michoacán, fundó en esta zona un pueblo-hospital llamado Santa Fe. La idea venía en parte de la Utopía de Tomás Moro: una comunidad de indígenas que vivieran en común, con trabajo compartido, enseñanza de oficios y atención a los enfermos.

Del pueblo original queda el nombre y el barrio de Santa Fe, con su iglesia, a un costado del distrito moderno. Es uno de esos pueblos antiguos absorbidos por la ciudad que todavía conservan su plaza y sus calles propias.

Arena para construir la ciudad

El poniente del valle está hecho de lomeríos de materiales volcánicos, y durante el siglo XX las lomas de Santa Fe se explotaron como minas de arena y grava. Buena parte del material con el que se construyó la Ciudad de México moderna salió de ahí. Las minas dejaron el terreno lleno de huecos, túneles y cortes.

Cuando las minas se agotaron, algunos de esos huecos se usaron como tiraderos de basura a cielo abierto. Durante años Santa Fe fue sinónimo de basurero, y alrededor de los tiraderos vivían familias que se ganaban la vida separando desechos.

El plan de los años ochenta

A fines de los años ochenta el gobierno de la ciudad decidió convertir la zona en un nuevo distrito de negocios. Los tiraderos se cerraron, se rellenaron los huecos, y los terrenos se vendieron para desarrollar oficinas, vivienda de lujo, universidades y centros comerciales. La Universidad Iberoamericana se mudó ahí a fines de los ochenta, y en 1993 abrió el Centro Santa Fe, que se volvió uno de los centros comerciales más grandes del país.

En pocas décadas el antiguo basurero se llenó de torres corporativas. Muchas empresas trasladaron ahí sus oficinas centrales, atraídas por terrenos grandes, edificios nuevos y un suelo que, a diferencia del centro, es firme.

1532 Vasco de Quiroga funda el pueblo-hospital de Santa Fe

Por qué aquí sí hay torres

El centro de la ciudad está sobre la arcilla del antiguo lago; Santa Fe está sobre roca y material volcánico compacto. Construir alto es más sencillo y más barato, y los sismos llegan con menos fuerza que en la zona del lago. Por eso Santa Fe es, junto con Reforma, la otra gran concentración de edificios altos de la ciudad, pero por una razón completamente distinta.

En el mapa se nota de inmediato. Las torres no están alineadas en una avenida como en Reforma, sino dispersas sobre las lomas, separadas por barrancas y grandes estacionamientos. Es un trazo pensado para el automóvil, con avenidas curvas que siguen las cimas de los lomeríos.

Una ciudad aparte

Santa Fe tiene un problema que es fácil de ver desde arriba: está desconectada del resto de la ciudad. Se llega por unas pocas vías que cruzan barrancas, y en horas pico se saturan. Durante años no tuvo transporte masivo propio, y buena parte de la gente que trabaja ahí vive lejos, en zonas donde la vivienda es más barata.

Al mismo tiempo, junto a las torres hay colonias populares que existían antes del desarrollo o que crecieron alrededor de él. El contraste entre edificios de vidrio y casas autoconstruidas en las laderas es uno de los más fuertes de toda la ciudad, y en el mapa se ve como dos tejidos muy distintos que se tocan sin mezclarse.

Un parque sobre la mina

Uno de los cambios más recientes de Santa Fe es el Parque La Mexicana, abierto en 2017 sobre el terreno de una antigua mina de arena. El predio estaba destinado a desarrollos inmobiliarios, y tras una larga discusión con los vecinos se decidió dedicar la mayor parte a un parque, con lagos, jardines, andadores y zonas para perros, financiado en buena medida por los edificios que se construyeron en sus orillas.

El parque es un ejemplo de lo que le faltaba al distrito: un espacio público donde la gente pueda caminar sin tener que entrar a un centro comercial. Y es también una muestra de hasta qué punto se ha transformado el terreno. Donde hace medio siglo había un hueco excavado para sacar arena, hoy hay pasto y agua.

Las barrancas

Entre las lomas de Santa Fe corren barrancas profundas, cortadas por ríos que bajan de la sierra hacia el valle. Son de los últimos corredores naturales del poniente y cumplen una función importante: por ellas escurre el agua de lluvia y se recarga una parte del acuífero.

Muchas barrancas están ocupadas por asentamientos en las laderas o reciben basura y descargas de drenaje, y su protección es uno de los temas ambientales más delicados de la zona. En el mapa se ven como franjas oscuras y sinuosas entre los grupos de torres: el terreno original que la ciudad no pudo aplanar.

Qué dice Santa Fe sobre la ciudad

Santa Fe es una lección de urbanismo del siglo XX: la apuesta por un distrito nuevo, separado, diseñado alrededor del coche. Funcionó para atraer inversión, pero dejó pendientes el transporte, el espacio público y la conexión con los barrios vecinos. Muchas de las discusiones actuales sobre cómo debe crecer la Ciudad de México usan Santa Fe como ejemplo de lo que conviene y de lo que no.

Las torres de Santa Fe de cerca.
Las torres de Santa Fe de cerca.

Cómo verla en el mapa

Ver Santa Fe en el mapa

Sigue leyendo